Una respuesta acerca de la salvación
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
San Marcos 16:16
“Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.” Romanos 10:6 – 11
“Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.”
San Mateo 24:10 -13
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” San Juan 3:16 – 19
Mucho podríamos decir en este punto acerca de lo que significa ser salvo, o que es lo que está diciendo la Escritura acerca de la salvación, pero creo que es importante empezar un poquito más atrás para explicar que es lo que significa, según la Escritura «creer», para luego llegar a hablar de lo que significa entonces, ser salvo.
La palabra que se traduce «creer», en el original, es en realidad la misma que se traduce «fe». Es como una especie de conjugación de la palabra fe cuando ella aparece como un verbo en la Escritura, ya que no existe en español una forma de conjugar esa palabra, los traductores han usado la palabra creer para hacerlo; pero en el original es la misma palabra tanto como sustantivo, que como verbo.
Ahora, aunque creer debería significar lo mismo que fe, en nuestra mente, en nuestra concepción occidental del término, aunque muchas veces decimos: «yo creo esto», queriendo significar con ello que tenemos fe, ocurre que ese creer del que estamos hablando, no representa lo mismo que tener fe según las Escrituras, lo cual hace que en muchos casos lleguemos a una conclusión errónea de lo que los textos de las Escrituras están diciendo. Normalmente para nosotros creer es simplemente asentir o estar de acuerdo con una verdad que leemos, pero, ¿será esto lo que la Escritura dice cuando habla de creer?
Por ejemplo, cuando la Escritura dice: «Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.”Romanos 4:3
¿Qué es lo que esta diciendo? ¿Acaso esta diciendo que Abraham oyó a Dios y dijo: «Este tipo tiene razón, yo le creo»? ¿A eso llama la Escritura creer? Miremos un poquito mas de cerca este ejemplo que será de gran ayuda para entender.
“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Génesis 15:5-6
La palabra creyó en este texto, como en muchos otros, es un derivado de la misma raíz de Emunáh, que es la palabra que todo el antiguo testamento usa para hablar de la Verdad, la misma Verdad acerca de la cual Jesus dijo: «Yo Soy la Verdad»… luego quizás podríamos hablar más de esto.
La palabra «amán», creyó, quiere decir que Abraham tomo a Dios como a un padre, se entregó en sus brazos, como un niño en los brazos de su nodriza o cuidadora, se mantuvo ahí, quieto, permaneció, se entregó, se rindió, se dejó conducir y enseñar como por un ayo. Dejó que Dios le enseñara a andar, lo sustentara, lo sostuviera, como cuando un niño aprende a caminar, comer..
Se mantuvo fiel, es decir, firme en esa disposición incómoda para su naturaleza, disposición que cada día era vivificada y alimentada por su relación con Aquel que es la Verdad.. se dejó cargar en brazos por Dios..
Actuó así convencido pero no intelectualmente, sino por la experiencia del vínculo.
Abraham le creyó a Dios, no es que creyó que lo que dijo era verdad, sino que se entregó completamente a El..
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Hebreos 11:8 – 19
Abraham no es el padre de la fe porque afirmó su corazón en el decir de Dios, sino porque entregó por completo todo su ser a Dios..
Parece como si escuchara a Jesús decir: “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no lo experimentará en él.”
S. Lucas 17:18
Ahora, volviendo a nuestra pregunta: ¿Qué significa entonces que si confesares con tu boca y creyeres en tu corazón?
Vuelve a leer todos esos párrafos de la Escritura teniendo en mente el verdadero significado de creer. ¿Te das cuenta lo increíblemente distinto que se lee ahora? ¿Que absurdo suena decir que acepto a Jesus como mi Señor y Salvador como una decisión de nuestra mente, y aún con una especie de conmoción emocional acerca del amor de Dios, pero tan lejos de entregarme a ese amor como Abraham lo hizo?
Por otra parte, en la época en la que Pablo habló esto, declarar verbalmente que Jesus era tu Kyrios, era una declaración de guerra en contra del sistema, una ofensa directa en contra del emperador que era el Kyrios de toda esa tierra en ese momento. Esa declaración verbal, no era un mero asentimiento a un concepto, era una literal sentencia de muerte, una renuncia total a la vida, era poner totalmente la vida en manos de Dios para vivir o para morir. Muchos de nuestros hermanos “sufrieron el despojo de sus bienes con gozo”, (Heb. 10:34), muchos murieron de formas espantosas por confesar con su boca que Cristo era su Señor; el libro de los Mártires de Jhon Fox, es un testimonio desgarrador de toda esta realidad.
¿Cómo llegamos a nuestros días a pensar que una simple declaración, sin consecuencias de ningún tipo, un mero asentimiento a una idea que me hice acerca de un dios que yo mismo creé en mi imaginación pueda significar que soy salvo? ¿Salvo de qué?
Cuando hablamos de salvación entonces, ¿de que estamos hablando?
Bueno, podríamos decir que la salvación, no es un evento, o un conjunto de eventos, sino que es una persona: Cristo.
Y ¿Quién es Cristo?
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;” Colosenses 1:15 – 17
“el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,” Hebreos 3:1
“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.» San Mateo 23:1
Cristo es la expresión visible y palpable para nosotros de la Sustancia Divina.
Por lo tanto la Escritura no presenta a Jesus como el Salvador, sino como la Salvación; no lo presenta como el redentor, sino como la Redención misma.
Dios no efectuó el acto de redimirme.
El, con el único objetivo de darse a conocer, puso de manifiesto su Sustancia que es la Redención, y esa Sustancia se expresó, se hizo evidente para nosotros, en Cristo.
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención;” 1 Corintios 1:30
No sería totalmente correcto decir que Jesús me redimió, entendiendo la redención meramente como un hecho de Dios. Dios no efectuó el acto de redimirme.
Dios se manifestó a sí mismo, expresándose en Cristo como la redención, y como resultado de vincularme vitalmente a esta realidad en Él, en la medida que permanezco en la Vida de Él, que ES la Redención, voy siendo redimido por la operación de su Gracia.
Tampoco sería totalmente correcto decir que Jesús me justificó, entendiendo la justificación meramente como un hecho de Dios. Dios no efectuó el acto de justificarme.
Dios se manifestó a sí mismo, expresándose en Cristo como la justificación, y como resultado de vincularme vitalmente a esta realidad en Él, en la medida que permanezco en la Vida de Él, que ES la Justificación, por la obra de su Gracia voy siendo conformado a su carácter justo, a la esencia de su Ser Justo y Santo.
Dios no efectuó el acto de santificarme.
Dios se manifestó a sí mismo, expresándose en Cristo como la santificación, y como resultado de vincularme vitalmente a esta realidad en Él, en la medida que permanezco en la Vida de Él, que ES Santo, voy siendo conformado por el obrar del poder de su Gracia a su santidad. Y esta realidad se va haciendo evidente cada día en mí en la medida que Cristo crece y yo decrezco. La santificación es ser conformado al Santo; es expresar a Cristo, la esencia de la Santidad que es una Sustancia Divina.
Ahora, es MUY IMPORTANTE la palabra «PERMANECER», porque nada de esto llega a ser algo adquirido en mi mismo como un status alcanzado, o como un logro o una posición a la que llego, NO. Todas estas cosas están EN la Vida, que es CRISTO, y yo las puedo experimentar si estoy EN ÉL, si permanezco, si habito, si permanezco en una experiencia viva y continua EN la Vida.
«Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros» Jn. 15:7
«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él» Jn: 15:5
«Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano non puede llevar fruto por si mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros.» Jn. 15:4
«Dijo entonces Jesus a los judios que habían creido en él: si vosotros permaneciereis en mi
palabra, seréis verdaderamente mis discipulos.» Jn. 8:31
Dios no es definido por lo que hace, todo lo que hace es una manifestación de QUIEN ES.
El no hace cosas, El se manifiesta a Sí mismo en todo cuanto hace:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” Sal. 19:1
“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo.” Ro. 1:20
Entonces, Jesús no es el Redentor porque redime sino porque es la expresión visible de la Sustancia Divina manifestada en redención. Jesus no es el Salvador porque salva sino porque es la expresión visible de la Sustancia Divina manifestada en salvación.
“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu
salvación, La cual has preparado en presencia de todos los pueblos” S. Lucas 2:29 – 31
Lo que sus ojos vieron fue a Jesús.. ¿porqué no dijo: han visto mis ojos al Salvador? Porque Cristo
es el Resplandor de su Gloria, la imagen misma de su Sustancia.
“Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; Y verá toda carne la salvación de Dios.”
S. Lucas 3: 5 – 6
La Salvación se hizo visible en Jesús; El es la imagen de su Sustancia.
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,” Tito 2:11
Manifestación es todo aquello que Dios hace con el objeto de darse a conocer. Esa manifestación se hace visible en su Expresión, esto es, en Cristo.
“Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.”
S. Lucas 19:9
Jesús no dijo: hoy ha venido el salvador a esta casa, sino, la salvación.
Todos los hechos de Dios que tienen como objetivo que le conozcamos como la Salvación, están reunidos en una única y perfecta expresión de esa realidad Sustancial que se hace visible y palpable para la humanidad en un Salvador, esto es, en la Persona de Cristo!
Bien, ahora que hemos visto que la Salvación es una manifestación de la Persona Divina expresada para nosotros en Cristo, quizás podemos entender un poquito más que significa ser salvo.
Porque ser salvo entonces no es algo que Dios hace por nosotros, o algo que podemos alcanzar o recibir en nosotros, sino que es algo que se produce EN ÉL, en tanto permanezco en una experiencia viva en la Vida que ES ÉL, «creyendo» en Él como lo hizo Abraham, entregándome en sus brazos, como un niño en los brazos de su nodriza o cuidadora, manteniéndome ahí, quieto, permaneciendo, entregándome, rindiéndome, dejándome conducir y enseñar como por un ayo. Dejando que Dios me enseñara a andar, me sustente, me sostenga, como cuando un niño aprende a caminar, comer…
Manteniéndome fiel, es decir, firme en esa disposición incómoda para mi naturaleza, disposición que cada día será vivificada y alimentada por mi relación con Aquel que es la Verdad.. dejándome cargar en brazos por Dios…
Entonces, en tanto permanezco en esta experiencia viva en la Vida, se ira produciendo la Salvación, se producirá Cristo en mí; iré siendo salvado de mi mismo, ira siendo absorbida la muerte por la Vida… “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, iremos siendo salvados por su vida.” Romanos 5:10
Para tratar de entender de forma sencilla entonces como opera esta salvación en nosotros, debemos entender que se trata de una muerte y una resurrección.
Una muerte de algo y una resurrección o nueva creación de algo totalmente distinto.
La muerte de nuestro yo, y la operación continua de una experiencia viva en Aquel que ES la Resurrección y la Vida.
De nuevo, esto no es un hecho consumado como una posición alcanzada o algo que ya nos ocurrió.
No es que haya una obra inconclusa o que haya que agregarle algo o añadirle algo a la obra consumada de Cristo por nosotros; sino que la obra consumada es también algo vivo en Él, es una obra acabada y completa que va actuando en nosotros en tanto permanecemos en ella, en la Vida donde ella opera.
De tal forma que la obra consumada de Cristo por nosotros, ahora debe ser consumada en nosotros. Esto no se trata de una religión de obras, sino justamente del cese completo de todas nuestras obras para dar lugar a la obra de Dios en nosotros.
Es así que la cruz, (hablando de forma muy somera acerca de ella, quizás podriamos decir mucho más en otro momento), es la que opera esta muerte en nosotros, y ella opera en nuestra negación diaria por la obra del poder de su Gracia que nos enseña cada día a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, ya vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente. (Tito 2:11)
La cruz no es otra cosa que permanecer quieto, y con un corazón dispuesto en todo aquello que Dios nos propone diariamente que es contrario a todo nuestro querer.
Cada circunstancia preparada y dispuesta amorosamente por Dios de nuestro día que se opone a lo que somos, a lo que nosotros deseamos, a lo que nosotros pensamos; que deja al desnudo, o hace evidente en nosotros todo aquello que no quiere conformarse al querer de Dios, que es contrario a él, que es enemistad con él. Cuando nos mantenemos bajos, humildes, y por el poder de su Gracia que opera en nosotros, renunciamos a todo aquello que Dios aborrece para aceptar y amar todo lo que Dios está amando; cuando permanecemos en la experiencia viva de la operación de su Cruz en nosotros, cuando nos hacemos uno con Él que sufrió la cruz menospreciando el oprobio, cuando pudiendo escoger decir o hacer lo que nosotros pensamos que es justo, escogemos como él, no decir nada que no le hayamos escuchado decir al Padre, o no hacer nada que no hayamos visto hacer al Padre, entonces la cruz va operando una muerte, la de nuestro yo, y también nos va ocurriendo la Resurrección, nos va ocurriendo Cristo!
“Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Jn. 11:25 – 26
(otra vez, lee la palabra “cree” teniendo en mente su verdadero significado.)
“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.” Romanos 6:3 -10
Este pasaje de la Escritura arroja mucha claridad sobre esto mismo, es muy hermoso!!
El cuidado que debemos tener es que muchos ponen un enfasis en los tiempos verbales de las oraciones, diciendo que todo esto es algo que ya ocurrió, y que solo debemos “posicionarnos” en ello, sin entender que Pablo está hablando de algo que es una experiencia viva en un Cristo Vivo, algo que ocurre cuando somos “aunados” a Él, mientras permanecemos “plantados”, o como dice el original: mientras vamos creciendo juntos, o unidos estrechamente a Él.
Por eso también Pablo sigue hablando en esta misma carta haciendo esta advertencia:
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Romanos 6:11 – 14
“para que así como el pecado reinó para muerte, así tambien la gracia reine por la justicia para vida eterna MEDIANTE JESUCRISTO, Señor nuestro.” Romanos 5:21
Bueno, creo que esta bien por ahora.. espero haber podido expresar con claridad alguna de las cosas que mencionabas en tu audio, pero si no es así, o si surgen más preguntas, por favor te pido que me lo hagas saber para poder aclarar lo que sea necesario, ya que el único fin de todo esto es que podamos acercarnos a una mejor comprensión no de meras palabras, sino de la experiencia Viva con la Vida que ellas intentan describir.. la Vida de Cristo!
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