
¿Qué diré acerca de mí mismo?
Soy cristiano.
Soy esposo, y padre de seis hijas.
Podría decirse que por muchos años navegué airosamente en mi barcaza. A fuerza de buenos vientos y bonanza me mantuve orgullosamente en la superficie creyendo haber conquistado el mar por mi propia pericia.
Entonces, ocurrió lo inesperado y naufragué.
Todo cuanto me mantenía seguro se rompió y desperté en la profundidad de ese mar insondable al que solo conocía superficialmente. Ahora entiendo que sus olas golpearon mi barca para enseñarme cosas que nunca hubiese conocido de permanecer en la superficie.
«Antes que golpearas mi orgullo, creí saber por dónde andaba; pero ahora te sigo de cerca.» (Sal. 119:67)
Habiendo visto y sentido en mí mismo el gran vacío en el que estuve inmerso durante tanto tiempo, amando casi con locura las palabras, estando lleno de ellas, siendo muy diestro para manipularlas y usarlas para pintar, a partir de un pequeñísimo y breve vislumbre de Luz verdadera, excelentes cuadros de realidades que desconocía más allá de mi gran imaginación; y hallando también, dentro de mi corazón, un enemigo feroz que le daba vida a este vacío y que luchaba en contra de la Vida que esa Luz verdadera describía, esa Vida que yo había pretendido atrapar en palabras. Habiendo, como dije, visto y sentido todo esto en mi corazón a la Luz de la Verdad Viva que es Cristo mismo, y siendo reprendido por ésta, he procurado dejar de correr delante, desacelerando, intentando volver mi corazón a ella para obedecerla y seguirla en cada una de sus insinuaciones, manteniéndome pequeño y caminando despacio.
Esto me ha hecho ver y percibir intensamente el inmenso vacío que hay en toda la existencia humana, lo que me ha causado dolor. Siento este dolor particularmente por la Iglesia, de la cual soy parte, donde más que en ningún otro lado, la Palabra Viva ha sido suplantada por imaginaciones humanas.
Porque las palabras verdaderas son meras descripciones acerca de la Vida, no la Vida misma; y si la Vida que describen no es primero lo que las inspira, se vuelven una especie de anticuerpo, algo nacido en nuestra propia imaginación, que crea ideas y conceptos acerca de lo que no conoce ni experimenta, y que aletarga y aturde nuestros sentidos, impidiéndonos percibir la Verdad Viva que da Vida a todas las cosas.
Cuánto ruido existe en nuestro día a día…
Cuánto necesitamos volvernos a esa Verdad Viva y ser permanentemente condicionados por ella…
Es el anhelo de mi corazón que, amando a Cristo, y amando su venida; amando la forma y el tiempo en que la Luz de su Vida quiera darse a conocer a mi corazón, experimentando su realidad viva y permaneciendo en ella, en ese vínculo vivo con la Verdad, siendo enseñado por ella cada día, y viviendo sometido a la Palabra Viva, pueda ofrecer, a todo caminante sediento un sorbo de Agua viva, y acompañarlo, si así lo desea, a la Fuente de Vida misma, de donde éste fue tomado.
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