Acerca de la Verdad

Qué es la verdad?

Esta pregunta que ha resonado por años en nuestra humanidad, ha tenido siempre una búsqueda equivocada, fundamentada en la orientación intelectual de la misma, lo que ha hecho que nuestras respuestas cayeran en el vacío intento de definir la Sustancia por la forma, en vez de que sea la Sustancia quien le de forma y contenido a nuestra definición, si es que existe alguna.

Así ha sido con todas las palabras, que en su génesis tuvieron siempre un sentido vivencial, sustancial, que les dio origen y también significado, el cual poco a poco se fue vaciando, perdiendo su contenido, quedándonos apenas su ropaje externo y sus apariencias lingüísticas, pero sin el Espíritu que les dio Vida.

En consecuencia, todas las vivencias pasaron a ser conceptos, y de pronto todo aquel que puede dominar un concepto, ya sea con maestría o no, piensa que por ello es poseedor de la Vida que ese concepto describe, aunque solo posea una mera sombra que su imaginación creó acerca de ella. Todo se ha vuelto externo y aparente. Las formas han sutituido a la realidad.

Como alguien dijo: «Los hombres solo están soñando con la Vida y con la Verdad, y toda la satisfacción que obtienen proviene del placer de su sueño, pero cuando despierten encontrarán flaqueza, pobreza, y desnudez sobre sus almas.»

La Verdad entonces, no tiene que ver en lo absoluto con decir cosas ciertas, ni con conceptos acertados o correctos acerca de las cosas.

La Verdad es la Realidad Sustancial del Ser de Dios, que se manifiesta de forma contínua en una experiencia vital que produce, que sustenta, que sostiene, y le da Vida, a todo aquel que se vincula a ella de esta manera.

Cuando leemos en el Evangelio: «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8:32), mu­chas veces pensamos en la idea griega, es decir, po­niendo énfasis en las palabras, en el contenido y en el aspecto intelectual de la frase y sus palabras.

En este sentido tendemos a esta­blecer la verdad en términos literales, es decir, si la verdad reside pura y simplemente en la manera en cómo se hallan unidos o separados ciertas palabras que nos permitirían estructurar el sentido, el con­tenido o el pensamiento. El que una serie de formas lingüísticas sean declaradas verdaderas o falsas de­penderá únicamente de las palabras mismas. Sin em­bargo, la verdad tiene una connotación ligada a la visión de mundo del Antiguo Testamento, es decir, su énfasis está puesto en el «conocer a Dios», no en su aspecto meramente intelectual, sino relacional y experiencial.

Esto quiere decir que finalmente una concepción semántica de la verdad puede resultar en mu­chos aspectos y ocasiones incompatible con la con­cepción real de la verdad.

La Verdad libera, no por aprender un concepto intelectual que atrape de algun modo su significado, sino por quedar totalmente atrapado y condicionado por ella sin otra respuesta que ella misma, recibiendo con un corazón humilde y  tierno lo que ella produce en aquel que se vincula a ella de esta forma, a saber: la confianza en la Fidelidad de Dios para darse a conocer en el desarrollo de un vinculo experiencial con Él.

Por eso amamos más las palabras que la Verdad. Porque las palabras las podemos dominar, las podemos controlar y manipular para que se adapten a nuestra imaginación, para que se amolden a nuestras formas. Las usamos a nuestro antojo, nos disfrazamos con ellas; pero la Verdad no se puede doblegar, interpelar o interpretar a nuestro antojo; ella Es la absoluta Realidad Sustancial de todo lo que existe, y lejos de que podamos pensarnos de algun modo sus dueños, solo podemos volvernos, inclinarnos humildemente, y entregarnos completamente a ella para experimentar la Vida y ser enseñados cada día.

Del mismo modo, la mentira no tiene que ver con palabras que no son ciertas.

La mentira es todo aquello que tiene la forma de la Verdad pero carece de su Realidad, sin importar si lo que se dice es correcto o no desde el punto de vista semántico o lingüístico.

Toda cosa que puedo describir de forma exquisita con palabras verdaderas y correctas, pero que no tiene realidad alguna en mi vida, es mentira en mi, aunque haya podido capturar las ideas y los conceptos que describen la tal cosa.

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Aquel era la  luz de la verdad, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.”  ‭‭S. Juan‬ ‭1‬:‭4‬-‭5‬, ‭9‬

En la Vida se encuentra la Verdad, no como algo separado de ella entonces, sino como la experimentación de la Vida misma.

No Comments