Vida y muerte
Fuimos trasladados a un lugar adonde no podíamos ir por nosotros mismos.
Nada de lo que hubiéramos podido hacer nos habría llevado ahí.
Fuimos trasladados por la operación de la Gracia, como un regalo inmerecido.
A eso la Biblia llama la obra consumada de Cristo.
Fuimos trasladados a un lugar que se llama Cristo, esto es lo que Cristo consumo por nosotros.
Experimentar la Vida que ocurre en ese lugar, eso es el obrar de Cristo que a través de la operación de la Gracia debe ser consumado en nosotros.
«Así como Cristo resucito de los muertos por la Gloria del Padre, de la misma manera nosotros andemos en esa Vida que es nueva, no porque no existía, sino porque es de otro origen y virtud.»
Ro.6:4
Pero para que experimentemos la Vida es necesario experimentar también una muerte.
La medida de Vida de Cristo que crezca en nosotros, será proporcional a la muerte del yo que experimentemos. No existe forma de que el Yo de Dios que es Cristo, y mi yo coexistan. Si quiero experimentar su Vida, debo experimentar mi muerte.
La Vida de Cristo no es una posición estática a la cual llegamos o en la que fuimos colocados, no. La Vida de Cristo es algo vivo, y la realidad es que tengo tanta Vida como la que experimento, y ni un poco más. Por más información que tenga acerca de esa Vida, y por más descripciones que posea acerca de ella; por mas sombras y figuras crea estar interpretando, viendo, o comprendiendo, la única Vida que tengo es la que estoy experimentando ahora, en este instante. Y digo «tengo», en el sentido, no de poseer, sino de experimentar. La única medida de esa Vida que hay en mí, no es la que pueda estar «viendo», sino la que estoy VIVIENDO.
No Comments